Yogur natural casero
Yogur natural casero

Soy fanática del yogur casero desde que era una niña. Tendría yo unos ocho años, cuando mis padres trajeron a casa una yogurtera eléctrica, que, por entonces, era una verdadera fiebre. Desde el principio a mí me pareció fantástica. Redondita, de color naranja y con una tapa transparente, para mí era como una pequeña incubadora que mi madre llenaba de vasitos- a modo de pequeños bebés- por las noches. Allí me habría quedado delante a ver cómo se producía la magia si mi hubieran dejado. Al día siguiente, me encantaba ayudar a recolectar los vasitos, cerrarlos con sus tapas naranjas y meterlos a la nevera. Unos años más tarde, mis padres me delegaron la tarea de hacer los yogures y yo, encantada, empecé a experimentar con los sabores. Un día los hacía con plátano, con mermelada y los favoritos: con leche condensada, mmm…. Pero un día dejó de funcionar la viejita yogurtera y me quedé sin el encanto.

Años más tarde, volví a ver yogurteras en el mercado, ¡pero a qué precios! Decidí que quería recuperar aquellos yogures, porque los comprados nunca me habían sabido igual, pero no quería gastar tanto en el aparato. Probé varios métodos que encontré por la red, algunos de ellos ecológicos porque no se gasta apenas energía en el proceso, os los contaré para que os animéis. Ahora ya no hay quién me pare. Las pasadas navidades mi madre, divertida viendo mis métodos, se le ocurrió regalarme una yogurtera nueva divina, tiene el panel de color morado como mi cocina y los vasitos están decorados… ¡hasta un libro de recetas, tiene! Me hizo una ilusión tremenda, pero os he de contar que el mago de los yogures ahora es Óscar, que le ha cogido afición y cada día los prepara más ricos. Hoy compartiré con vosotros la menualidad básica del yogur natural tal y como la preparamos en casa y, poco a poco, iremos trabajando nuevas recetas para que tengamos alternativas creativas y diferentes a los yogures industriales. ¿Me acompañáis?

En primer lugar hablaremos del proceso de formación. El yogur es el producto de la fermentación bacteriana de la leche en un ambiente de temperatura controlada (entre 38 y 45º). Las principales cepas utilizadas en el yogur son el Streptococcus thermophilus s. y los Lactobacillus L. Casei y L. bulgaricus. Como en cualquier proceso fermentativo, son los azúcares, en este caso la lactosa, la base alimenticia que la bacterias que sembramos necesitan. Como producto de desecho, las bacterias liberan ácido láctico, que junto con las proteínas, transforman la textura de la leche confiriéndole el aspecto denso y cremoso del yogur. El ácido láctico, por su parte, protege a nuestro sistema digestivo, a modo de defensa natural, de la formación de otras bacterias que podrían producir infecciones y enfermedades. También ayuda a reducir el efecto nocivo que los antibióticos tienen en nuestra flora intestinal. Todo esto además de las propiedades nutricionales propias de la leche. Es un tesoro nutricional en nuestra dieta este alimento. 

En segundo lugar, hablaremos de los ingredientes. Para empezar necesitaremos una buena leche. Elegiremos el tipo dependiendo de vuestro gusto y necesidades nutricionales. Personalmente, me gusta usar leche fresca pasteurizada. Si quiero mucha cremosidad, la utilizo entera, si quiero un yogur más ligero, recurro a la semidesnatada. Con leche UHT también salen bien, únicamente es una cuestión “de nota”, y yo el sobresaliente se lo pongo a la leche fresca. El fermento es el otro ingrediente imprescindible. La manera más fácil y económica de conseguirlo es a partir de un yogur comercial la primera vez. A partir de ahí, re-sembraremos nuevas tandas reservando uno de los yogures que produzcamos. Esta operación de re-siembra, se puede repetir varias veces, se dice que unas 10 veces, aunque en mi caso a partir de la quinta o sexta, ya observo como el yogur sale menos denso y opto por utilizar nuevas bacterias. También tengo reservado un paquete de fermento liofilizado en polvo como plan B por si en un descuido me quedo sin mi yogur de resiembra.

Por último merece la pena citar los diferentes métodos de preparación que yo he probado y los utensilios básicos que necesitaremos para cada uno. El método de elaboración depende de la fuente de calor que elijamos. Sin duda más cómodo es hacerse con una yogurtera eléctrica que tiene un coste entre 20 y 60 € según marcas y tiene todo lo necesario para hacer yogur. Si queremos un método más económico y ecológico (no requiere aporte de energía durante el proceso), necesitaremos 7 tarritos de 150 ml. (podéis reciclar tarritos de conservas que compréis), un termómetro de cocina, una fiambrera grande con tapa y una bolsa térmica para congelados (de estas que nos venden en los supermercados). Aquí os dejo unos cuantos para que elijáis por cuál queréis empezar.

Ingredientes:

  • 1 litro de leche.
  • 30 g de leche en polvo entera. (4 cucharadas soperas).
  • 1 yogur o 1 dosis de fermento láctico liofilizado.

Preparación:

Receta base del yogur.

  1. Se vierten todos los ingredientes en el vaso de Thermomix y se programa a 50º durante 3 minutos a velocidad 3 hasta que alcance la temperatura y se mezcle bien.
  2. En el modo tradicional, se calienta la leche en un cazo junto con la leche en polvo removiendo con unas varillas para mezclarla. Se toma la temperatura de la leche hasta que alcance entre 45º, cuidando siempre que la temperatura no supere los 50º para que nuestras bacterias no mueran. En este momento añadimos el yogur y mezclamos bien.
  3. Repartimos la mezcla rápidamente en los vasitos de yogur para no perder el calor.

En bolsa térmica para congelados y fiambrera.

  1. Calentamos agua en un cazo y casi en el punto de ebullición, a unos 80º, la vertemos en nuestra fiambrera grande.
  2. Colocamos los vasitos de yogur sin tapar dentro de la fiambrera. Cerramos la fiambrera y la envolvemos con una bufanda o prenda de lana.
  3. Introducimos la fiambrera dentro de la bolsa y cerramos bien para no permitir que el calor se escape y dejamos fermentar durante un mínimo de 8 horas en un lugar tibio y protegido de corrientes de aire.
  4. Al cabo de este tiempo, sacamos los vasitos, les colocamos sus tapas y detenemos la fermentación metiéndolos en la nevera durante al menos una o dos horas.

Nota: En verano, casi no hace falta ni la bufanda, dejando la fiambrera dentro de la bolsa directamente también se hacen bien.

En el horno.

  1. Se precalienta el horno a 50º durante 10-15 minutos para que alcance bien la temperatura. Se apaga el horno y se introducen los vasitos sin tapar durante 8 horas.
  2. Sacamos los vasitos, les colocamos sus tapas y como en el método anterior los metemos en la nevera durante al menos una o dos horas.
  3. Si tienes un horno que permita calentar a baja temperatura, se puede mantener encendido a 45º (con un gasto de energía mínimo) durante las 8 horas utilizando el temporizador del horno para que nos avise. Esto es lo mismo que tener una yogurtera grande y puedes plantearte hacer el doble o el triple de yogures al mismo tiempo.

¡En el lavavajillas!

  1. Se introducen en el lavavajillas los vasitos esta vez sí, perfectamente cerrados, y pondremos el lavavajillas (por la noche es el momento ideal) a funcionar en el programa de 45º y lo dejaremos durante 8 horas cerrado para que mantenga el calor.
  2. Seguidamente, sacaremos los vasitos, que estarán perfectamente limpios J y los meteremos a la nevera para que acaben de cuajarse.

En yogurtera.

  1. Introducimos los vasitos sin tapar dentro de la yogurtera y dejamos fermentar durante 6-8 horas dependiendo del grado de acidez que queramos que tengan nuestros yogures. Hay que dejar la yogurtera enchufada en un sitio que no tenga trajín en la cocina, ya que es mejor que no la movamos. Existen modelos de yogurtera con temporizador que nos avisarán de que ha terminado.
  2. Como siempre, sacamos los tarritos, los tapamos y a la nevera.

En Thermomix.

  1. Preparamos nuestra mezcla base como hemos indicado al principio y dejamos el vaso en la base tapado con una prenda de lana (una bufanda, o un forro polar de niño vendrán bien) durante 8 horas.
  2. Transcurrido el tiempo, pasamos el yogur en vasitos y terminamos de cuajar en la nevera.

Consejos:

  • Si quieres hacer yogur griego, prepara el yogur con leche entera, añade nata y después de hacerlo, pasa el yogur por una tela fina para eliminar el suero.
  • Puedes azucarar tus yogures cuando hagas la mezcla si te gustan dulces. Yo prefiero añadir el azúcar después, porque me gustan con ese toque crujiente del azúcar moreno, pero reconozco que unos yogures hechos con un toque de leche condensada no tienen precio. Para los que queráis edulcorantes, os recomiendo Stevia o sucralosa (Splenda, Sucralín…) cuyo sabor es resistente al calor y es muy parecido al azúcar.
  • Un yogur elaborado con leche entera tiene 2,1 puntos Weight Watchers. Si lo hacemos con leche semidesnatada, el yogur tendrá 1,4 puntos.

12 Comments on Yogur natural casero

  1. Laura, siendo que yo tengo la Thermomix, dejaría la mezcla reposando 8horas fuera de la nevera si no he entendido mal… entonces… en esas 8 horas no se hará malo siendo que está a temperatura ambiente??

    • Hola Ruth:
      No, todo lo contrario. El yogur necesita calor para “activar” las bacterias benignas que le hemos añadido proliferen. Es como un cultivo. Ellas se reproducen y se comen la lactosa de la leche durante la noche, como resultado de su “digestión”, nos devuelven ácido láctico que coagula la leche. Al cabo de las ocho horas, detenemos este proceso con frío “durmiéndolas” de nuevo porque no queremos más acidez en nuestro yogur. Tú ve jugando con el tiempo. En verano igual con 6 horas te basta y en invierno, pues incluso 9 o 10 horas, pero siempre al calor, lo ideal para el proceso es entre 38 y 45º.
      Un beso.

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